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V de Volcán

Diseño desde el diálogo

Por Diana Cuevas el   |    4 minutos, 56 segundos

Editorial featured diseño Guadalajara

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L

a semana pasada, Galería Volcán se llevó a cabo entre sorpresas, compas, situaciones predecibles y también, claro, inconvenientes. La mejor sorpresa para mí fue el haber vivido el diseño sin que girara en torno a un producto tangible, el haber hecho diseño desde el diálogo.

El jueves fue día de El Saludo y La Foto, de tomarse una chela y en el mejor de los casos —porque hubo quien no se tomó la molestia— ver con detenimiento cada una de las piezas expuestas. El jueves fue día de curiosear.

Llegó el viernes y con él llegaron las charlas, el meeting y las discusiones. Fue el día de sentir cosquillas y también fue el día en que aparecieron las primeras sentencias que aquí menciono por dejar registro de ellas; pero que por sí solas, dan para un texto de varias páginas.

El diseño tapatío es más un alimento que lo que algunos llaman «inspiración», que se nutre de todo y a su vez, nos nutre. No sólo diseñadores, empresarios, curadores o galeristas, sino personas de todos los ramos y áreas estamos, de alguna forma, alimentándonos del diseño. Pero, ¿de qué se alimenta al diseño local?

El sábado fue día de hablar de diseño sin mencionarlo. Arrancó con los comentarios, teorías criminalísticas y sospechas en torno al robo a Kukuruchos la madrugada del viernes; en donde se perdió equipo, algunas piezas expuestas y —una vez más— la tranquilidad de tener lo que sea en cualquier lugar sin que corra riesgo. Se canceló el taller Materia/Etérea, lo cual no es tan malo considerando que se llevará a cabo haciendo una conexión entre esta edición de Volcán y la exposición de Altᵉr/ ego] [territorio, también en Kukuruchos. El día siguió con varias conferencias que fueron desde el panorama de la Biónica en Guadalajara, hasta la divertida charla en «itañol» de Attanazio Mazzone, de Notwaste. Por otra parte, mientras Eduardo García hablaba de diseñar y no morir en el intento; en la entrada principal y ya con el mezcal en mano, otra discusión ocurría, discusión que se transformó en hambre y que terminó llevándonos a cenar a Mexicaltzingo.

La anunciada profecía cantinera se cumplió y después de la cena llegamos al Morelias por unas Hierbabuenas. Entre brassieres en la barra y botana remojada en Salsa Valentina, Ismael Rodríguez dijo lo que más tarde se convertiría en el mantra de la noche:

«La segunda sabe mejor que la primera y la tercera mejor que la segunda»

Refiriéndose a las Hierbabuenas, claro. Pero —quizá— haciendo una analogía involuntaria de lo que puede pasar con la práctica del diseño en Guadalajara y más específicamente, con propuestas como Galería Volcán.

Esa noche se habló de tantas cosas que «no tenían que ver con diseño», que se dijo lo necesario. Secuestros express, tastoanes, carreteras intransitables y muertos fueron otros temas que salieron a relucir. Y que sí, también son determinantes para el diseño, porque el diseño funciona igual que el proceso digestivo, pero ese es un tema aparte.

El diseño debe escuchar nueva música, volver a jugar con plastilina, irse unos meses al campo, quedarse sin un peso. Bailar. Hay más diseño fuera del que nos vendemos entre diseñadores. O poniéndolo en otros términos: el diseño necesita salir de la bolita que los diseñadores le hemos hecho rodeandolo de espaldas.

«La nueva escuela se está haciendo de la colaboración» —Melissa Aldrete

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El domingo, Galería Volcán concluyó con una mesa de diálogo de la que brotaron muchas piezas de este rompecabezas, que quizá —ojalá— nunca terminará de armarse. «Hay que comenzar a diseñar desde lo intangible, diseñar plataformas, planes de estudio, programas…», dijo Daniel Valero; yo añadiría diseñar experiencias y de una vez por todas dejar de concebir el diseño meramente como un producto físico (sea comercial o sean piezas que no pasarán del showroom). Creo, que como diseñadores tenemos que inventarnos nuevas materias primas; salirnos del boceto, el prototipo y la foto. Debemos aprender, —muy probablemente de manera autodidacta— a diseñar contenidos, si es que aún como diseñadores nos da miedo usar la palabra «escribir».

«La academia está en crisis», también se dijo ese día; una sentencia que puede sonar abrumadora pero que para mí no es más que una nueva bola de barro con la que se puede hacer mucho, bueno o malo, lo que queramos. La academia está en crisis y qué bueno, ojalá pronto toque fondo para que pase algo —lo que sea— con ella de una vez por todas.

Lo ocurrido recientemente con el diseño en Guadalajara va más allá del detonante que significa Galería Volcán. Para ir más ad hoc con su nombre, lo de la semana pasada fue una lluvia de cenizas de lo que puede —debe— surgir a partir de esta iniciativa. Si ocurre pronto una erupción dependerá de seguir hablando, seguirnos moviendo y seguir siendo diseño sin esperar a que un coctel al año nos mueva. Seguir siendo diseño incluso desde la no-creación. De otra forma, las cenizas se irán al barrerlas.


Texto de Diana Cuevas

Fotografía de Galería Volcán


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