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¿Qué significa esto? Básicamente que tenemos algunas ideas en proceso de cocción, que sabemos que el sitio tiene detalles, errores y varias cosas por mejorar pero que deseamos ejecutar y pulir el producto por razones prácticas, creativas y hasta psicológicas. Preferimos eso antes que hacerlo por cualquier presión de marketing o llegar al perfeccionismo obstinado.

BLDR. está diseñado como un cambio y para cambiar constantemente por lo que mejoraremos con el tiempo y con retroalimentación adecuada. Si tienes algún comentario o idea que crees que pueda ayudar no dudes en hacerlo llegar a:

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 Tristerrealismo Mágico

           

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Tristerrealismo Mágico

Por Diana Cuevas |    2 minutos, 15 segundos

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Tristerrealismo Mágico

Mi pequeña corona al mercado

H

ace unos días leí un estado de Facebook que decía algo como: «ahora resulta que todos iban al Mercado Corona a leer a Gabriel García Márquez mientras veían un eclipse», es gracioso porque es triste y es triste porque es cierto. El punto es que, independientemente de que haya sido tema del momento –porque, ustedes saben, ACABABA DE OCURRIR–, no todas las personas que habitan esta ciudad tuvieron la fortuna de comerse una flautas o «desayunarse un chocomil» en ese sitio que ahora está solo, quemado y en ruinas. No todos acompañaron a algún amigo a buscar una Santa Muerte rosa fluorescente para decorar su habitación o un San Antonio para agarrar novio y no todos han estado tan psicóticamente enamorados –del morbo– como para ir a hacer un «amarre» o pedir que te lean las cartas. A todos ellos no me queda más que decirles: chin, qué mala onda.

Independientemente de la nostalgia y el hambre que ya no podrá ser saciada por un lonche de cartón, los locatarios y las familias que vivían del Mercado aún siguen por acá e incluso algunos –como los vendedores de flores– han sido reubicados en calles aledañas (qué palabra tan fea) como el andador Pedro Loza o el Parque de la Revolución AKA «Parque Rojo», por si gustan llevarle flores al mercado.

Después del incidente me llegan varias preguntas, ¿A dónde irán todos estos tacos provenientes de los puestos que ya no se harán? ¿En dónde se exhibirán las medias para señoras con problemas de circulación en colores «piel» tan «naturales» que más bien son color Nenuco? ¿Cuántas parejas en crisis terminarán a falta del toloache que les proveía el mercado y cuántas otras no comenzarán un romance a falta de un «amarre»? Creas o no en los remedios, embrujos y curas milagrosas; te guste o no el refresco en bolsita, el Mercado Corona era una cápsula del tiempo a la que podías ingresar eventualmente por una dosis de lo que para mí era (literal) my own personal realismo mágico –aprovechándome leve de la farándula–; ya fuera por lo real de sus lonches, su gente y sus colores o por la magia que ocurría y se vendía en el segundo piso del mercado.

Ojalá que también los perros hechos de crisantemos vayan al cielo.

Imagen de Adligmary


Texto de Diana Cuevas




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