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 El otro Guadalajara

           

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El otro Guadalajara

UN TEXTO NO ACADÉMICO.

5 tapatiotls al que adivine de qué voy a hablar.

Por Diana Cuevas
 
 4 minutos, 24 segundos

Editorial guadalajara lacalzada tapatiotl


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H

ace un par de años, una amiga que —aterrada— me dio ride a mi casa, me dijo que le daba miedo cruzar el puente que atraviesa La Calzada por Hidalgo (#sinalbur) porque una tía le había contado que esa zona estaba llena de almas muertas. No sé, pero cada que paso veo lleno de vida ese lugar: un emporio de nieves raspadas monopolizado —a gusto personal— por el arrayán y el coco, mujeres chambeadoras que están ahí, en la talacha sexual desde o hasta que sale el sol, comercio ambulante, teni Adidas original, un Lipstick y hasta unas tortas Los Compadres. Pero bueno, esa amiga fue alguna vez a una fiesta de quince años en donde tocaron Los Terrícolas y pasó un examen de Historia y Geografía de Jalisco por regalarle un póster de Gustavo Lara a su maestra, no iba a desmentirle el asunto de las almas y los fantasmas de La Calzada.

La anterior anécdota y el 90% de la gente que he conocido recientemente me hace creer que cada quien tiene su propio Guadalajara, el mío por ejemplo se compone principalmente de puestos de tacos, cantinas y Oxxos. Hay otro Guadalajara que se compone de antros y weyes mamadísimos que parecen inflados con helio; hay Guadalajaras compuestos de centros de yoga, comida orgánica y bicis Raleigh. Mi teoría es que puedes ser parte de uno, varios o ser turista de fin de semana en algunos otros. Pero hay un Guadalajara que muchos de los que frecuentan los Guadalajaras antes mencionados no conocen, aquél que se ubica en el legendario y muchas veces temido «del otro lado de la Calzada». No voy a entrar en discusiones sobre qué lado es «de la Calzada pa’llá» y cuál «de la Calzada pa´cá», para mí siempre dependerá del lugar donde vivas (no de donde estés ubicado) y debatir por ello sería como pelear con un chilango sobre si las quesadillas deben o no llevar queso.

SABIAS QUÉ —Aquí es donde aparece un pequeño Einstein volador— La división de Guadalajara a partir de la Calzada se debe a que, recién se fundó, el río San Juan de Dios pasaba justo en ese punto. Después comenzó a poblarse de sus primeros habitantes, algunos de ellos provenientes de Tetlán, un «pueblo lejano» hoy conocido principalmente por ser la última estación del Tren Ligero, se establecieron en Analco y se reprodujeron hasta convertirse en la plaga de tapatíos que hoy conformamos G-Town. Ahí comenzó todo el pedo, ¿Cuántos más, Peña Nieto? ¿¡CUÁNTOS MÁS!?

Pues bien, después de este preámbulo mareador, pregunto ¿tienes un minuto para hablar del otro lado de la Calzada? ¿No? Bueno, te cuento:

Del otro lado de la Calzada hay parques, gente, y sí; también hay tienditas de la esquina. Del otro lado de la Calzada tenemos un París de Noche y varios Mascusia; también hay una «Fogata Norteña», una especie de plaza de los mariachis al lado de una vinatería, en donde si tienes suerte, escucharás al menos 20 veces Libro Abierto al pasar por ahí. Del otro lado de La Calzada hay perros en la calle, señoras amables y desafortunadamente también hay gente que le va al Cruz Azul, a pesar de que sea el Leonardo DiCaprio del fútbol mexicano.

Del otro lado de la Calzada hay un templo Rave con forma de pastel y luces neón en donde cada año se reúnen todos sus fieles a meterse ácidos y vomitarse los unos a los otros mientras escuchan Psycho. Ok, eso no es cierto, pero la verdadera historia la guardaré para mis nietos (aww). Total, ese templo se ubica en una colonia llamada «La Hermosa Provincia» y siempre he pensado que lo de Hermosa Provincia aplica para todo Guadalajara, luego recuerdo que ya somos cosmopolitas. Así podría seguir, enlistando lugares «trendy» (ok, esa no es la palabra que buscaba pero siempre quise usarla innecesariamente) del otro lado de La Calzada, pero creo que con esto basta para empezar a adentrarse en esta nueva aventura; con esto y El Bara, obvio.

Uno de mis tres proyectos de vida —porque hay que emprender, #cómono—, es hacer un «De La Calzada pa’llá Tours» y llevarlos a conocer estos y tantos otros sitios fascinantes de aquellos rumbos, por la módica cantidad de $600 tapatiotls *cagua y Lonche Amparito incluidos, jericalla se vende por separado. Mientras eso ocurre, seguiré habitando y yendo a esos sitios para traer un poco de ellos a todos ustedes, lentamente y sin que lo noten hasta que terminemos —termine— borrachos en el Mateos.

*Un tapatiotl era el equivalente a tres pequeños costales que contenían 10 granos de cacao cada uno, se usaba como moneda. Sí, por eso nos dicen tapatíos.


Texto de Diana Cuevas

Fotografías de Ocio


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